Marzo 02, 2007

Mendoza compite por partida doble

Las obras locales que fueron seleccionadas (en la Fiesta Regional de Teatro) para participar en la instancia nacional, ya están preparadas para enfrentarse en la competencia que tendrá sede en La Rioja. Es que esta semana se dio el anuncio oficial de la fecha y las características que tendrá la XXII Fiesta Nacional del Teatro.


Con muchas fichas apostadas a la federalización del teatro, una grilla con una cuarentena de títulos y la elección de una provincia “con la que estaba en deuda”, el Gobierno nacional dio el puntapié inaugural para los preparativos de la justa escénica. ¿La fecha?: del 12 al 22 de abril próximo.

Los finalistas mendocinos, que irán a carearse con lo más granado del resto del país, son: “Aeroplanos”, de Zzin Teatro; y “Elba y el asesino de Elba”, de Caroteno Teatro. Veamos las particularidades de cada uno de ellos.

Volar... de los implacables recuerdos

Antes de contar cuál es la historia sobre la que se asienta “Aeroplanos”, la obra que el grupo Zzin Teatro llevó al primer lugar en la Fiesta Regional (que se desarrolló en San Juan, a fines de 2006), es bueno referenciar el texto en el que se basa. Su autor es Carlos Gorostiza. Este nombre así, sin contexto, a aquellos que no se han interiorizado en la disciplina, puede sonarles irrelevante. Pero de hecho no lo es, en absoluto.

Gorostiza es uno de los artistas que formó un importantísimo movimiento (Teatro Abierto) que activó en tiempos de dictadura. Escribe obras desde el ’43 y ha publicado un par de novelas: “El merodeador enmascarado (editorial Seix Barral), “Vuelan las palomas” (premio Planeta de 1999).

En nuestra provincia lo conocemos porque varios de sus (anteriores a “Aeroplanos”) han sido llevados a la escena; como “El acompañamiento”, que también conoce una adaptación cinematográfica del director Carlos Orgambide (en 1988) o “Hay que apagar el fuego”. Es uno de los dramaturgos referenciales de la generación anterior a la “nueva dramaturgia” actual, junto con otros ya clásicos del teatro nacional como Roberto Cossa.

Queda claro que estamos hablando de un gran autor, de peso, de mucho peso; pero que adscribe a una forma de plantear el teatro (como Cossa) que hoy ha sido superada por las nuevas generaciones de actores -lo que no invalida su obra desde ningún aspecto-.

Hecha esta aclaración podemos embarcarnos en contar que “Aeroplanos” se centra en un par de ancianos -amigos entrañables- que se reúnen para desen marañar anécdotas y confesiones. Son Paco (Juan Pablo Lemos) y Cristóbal (Aníbal Villa), que comparten sueños y suplen con su presencia la soledad; mientras, como pasatiempo, construyen aviones de papel como un modo de huir de los implacables recuerdos de una juventud que no volverá.

La puesta, dirigida por Daniel Posada, apunta a combinar esa ternura que habita en los personajes del texto con el humor. “Es una comedia dramática”, define Posada.

Una jugada al hiperrealismo vigente

Sacha Barrera Oro es un joven dramaturgo, actor y director mendocino que, conforme a cómo han pasado los años, ha ido creciendo notablemente en sus planteos artísticos y escénicos.

El primer texto que recordamos de él fue “El cuarto en común” (llevado a la escena en una fallida versión dirigida por Juan Comotti y ganador de la 1° mención del premio “A las Tablas”, en 2000).

Esos fueron sus incipientes comienzos. No obstante, Sacha fue rápidamente adquiriendo notoriedad gracias a su trabajo constante y serio, en la dramaturgia y en la puesta en escena. Tanto es así que su segunda apuesta teatral, “Saravá” (escrita y dirigida por él en 2002), recibió los favores de la crítica local. De allí en más, Barrera Oro se ha convertido en un ascendente representante de las nuevas generaciones teatrales mendocinas (junto a artistas como Fabián Castellani, Juan Comotti, Luciano García, Lucas Olmedo, Pablo Longo, Martín Montero; entre otros).

El elenco Caroteno (que dirige Sacha) se presentó en sociedad con “Saravá” y, luego, se aventuró con obras como “Marea roja (sangre)”, “Un pozo de ojos” (la multipremiada obra de teatro-danza que interpreta Alejandro Conte) hasta llegar a la puesta que nos representará en La Rioja: “Elba y el asesino de Elba”. Todos estos espectáculos han sido escritos y dirigidos por Sacha.

Claramente instalados, él y su grupo, como un frente de trabajo de cara a las nuevas búsquedas poéticas y dramatúrgicas, “Elba y el asesino de Elba”, es una de las puestas que se “salieron del molde” del habitual realismo/grotesco que pulula por nuestras salas (y cafés) para bucear en nuevas formas -aquí, en Mendoza- de concebir la escena; como lo es el hiperrealismo. La obra, que se impuso por debajo de “Aeroplanos”, es un “drama inestable, como si nos hubieran hecho la vida mal -dice Sacha-, donde lo risible para uno es en el otro la tragedia de su vida”.

Uno de los aspectos interesantes de la puesta es la resolución espacial: que se despliega en la habitación de una casa. Ya antes, y contemporáneamente a esta obra, se ha probado en Mendoza el funcionamiento de la ficción en un espacio “real” (recordemos “Paso de dos”, de Eduardo Pavlovsky o “El pánico”, de Spregelburd).

La historia se dispara a partir de la muerte de Elba. De ella nada se sabe y lo que el espectador irá desentrañando será en el suceder de la reconstrucción de vínculos. El conjunto de la puesta se relame en los tintes de la comedia negra y “genera mundos de malentendidos e imágenes que no suelen tener vuelta atrás”, supo completar su director al momento del estreno de la obra.

Por Patricia Slukich pslukich@losandes.com.ar

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Escrito por Prof. Carolina Gomez en: 09:39 AM | Comentarios (8) | TrackBack