La temporada estival suele traer aparejado el triste saldo de muertes causadas por asfixia por inmersión, al utilizar como balneario ríos, canales o represas en lugares no autorizados. Es importante una campaña que ha encarado el Gobierno alertando sobre la situación, pero la mayor responsabilidad recae en la propia población.
A pesar de que recién comienza la temporada estival y de que han sido muy pocos los días con altas temperaturas, ya son cinco las muertes causadas por asfixia por inmersión en diques, improvisadas represas, ríos y canales.
Para intentar hacer frente a ese grave problema, desde el Gobierno de la provincia se ha anunciado la puesta en marcha de una campaña de prevención de riesgos en espejos de agua, que incluye un conjunto de recomendaciones para turistas y residentes locales, a los efectos de que los tengan en cuenta para evitar accidentes en embalses, ríos y arroyos.
De acuerdo con los datos oficiales, el año pasado fueron 18 las muertes por inmersión que se registraron en la provincia, mientras en 2006 esa cifra había llegado a 48, y si bien es cierto que desde el Estado puede existir cierta dosis de responsabilidad por fallas en los controles de determinados lugares, la realidad concreta es que los accidentes se suceden por una falta de conciencia en el grueso de la población, sobre los peligros de bañarse en lugares no aptos para hacerlo, o en desafortunados descuidos de los padres, en los casos de los menores de edad.
No consideran -los bañistas- que se trata de ríos de montaña, que de por sí son caudalosos, situación que se agrava cuando las tormentas se producen en la precordillera o en el pedemonte, lo que aumenta sustancialmente los caudales.
Tampoco suelen respetar los diques, siendo que éstos, por haber sido construidos con el objetivo de embalsar agua para evitar escasez en épocas de sequía, tienen sus fondos convertidos en verdaderos pantanos, o con ramas u otros elementos que no permiten que quienes se sumergen puedan ascender a la superficie.
Por otra parte, en algunos canales se utilizan como “balnearios” los pozos de agua que suelen arremolinar la corriente, arrastrando hacia el fondo a quien intente nadar en el lugar.
Años atrás era habitual escuchar que bañistas y acampantes perecían ante el aumento de los caudales de los ríos de Córdoba o de San Luis, como consecuencia de las fuertes tormentas en las altas cumbres, que provocaban torrentes en las zonas más bajas. Y ahora, de suceder, se trata sólo de casos aislados.
La solución en esas provincias se alcanzó, por un lado, como consecuencia de la construcción de diques en las zonas de Santa Rosa de Calamuchita o en El Trapiche, pero especialmente por un estricto control en los lugares peligrosos y una eficiente campaña de concientización.
Paralelamente, en algunas zonas destinadas a balnearios naturales -El Volcán, en San Luis es un ejemplo- la provincia se ha preocupado en destinar a bañeros para el control de los bañistas o para actuar de inmediato, en caso de ser necesario, en una medida similar a la que se adopta en las playas oceánicas.
Con un criterio acertado, en nuestra provincia se procede al corte de agua en los cauces de los ríos durante las fiestas de fin de año, en razón de que muchas familias se trasladan a orillas de los ríos o de los canales buscando lugares más frescos y paliar así las altas temperaturas. Pero como el agua de riego es fundamental y necesaria para la vida de la agricultura, esos cortes no pueden ser permanentes, con lo que el peligro surge nuevamente cuando el agua vuelve a correr.
Paralelamente, están surgiendo lugares improvisados y extremadamente peligrosos, que suelen ser ocupados por miles de mendocinos y turistas, como ocurre en las cercanías de Cacheuta y donde, pese a las advertencias de numerosos carteles, la gente lo mismo se acerca a la orilla del río o se interna en él sin medir las consecuencias. Tanto es así que el año pasado debió lamentarse la muerte de un joven que no supo medir el peligro que corría al arrojarse al agua.
Es coherente y valioso entonces que el Estado realice ya una campaña de concientización y será importante que se efectúen controles estrictos en campings y balnearios ubicados a orillas de los ríos o en las márgenes de los diques, pero la mayor parte de la responsabilidad para evitar que vuelvan a sucederse hechos lamentables queda en manos de la propia población.
Fuente: Diario LOS ANDES