Septiembre 26, 2005

Patagones, armas en escuelas, violencia y después

Se cumple un aniversario de la masacre de Carmen de Patagones. La violencia,
especialmente la violencia armada ha marcado la actividad escolar en países
latinoamericanos como Argentina y Chile.

Existe un antes y un después después de trascendentes hechos que dejaron muertos y heridos. El recuerdo de la masacre de Columbine en Estados Unidos, graficada mejor que nadie por el cineasta Michael Moore, ha marcado profundamente a los sistemas educativos y a las comunidades que los circunda en todo el mundo.

En un diálogo que se enmarca en la búsqueda de respuestas, caminos, tal vez de soluciones, con el director de la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en Brasil, Jorge Werthein y Gabriel Conte, se plantean el tema mirando el fondo del problema y cómo abordarlo.


Gabriel Conte - Entendemos que la educación puede ser una buena herramienta para
afrontar las múltiples causas del delito creciente en los países
latinoamericanos. Pero, ¿cómo se puede conseguir un equilibrio de
convivencia en las escuelas para lograr que la calidad educativa no se vea
deteriorada por ello? ¿Puede romperse ese círculo vicioso de la violencia?

Jorge Werthein - Desde hace algunos años, la Oficina de la Unesco en Brasil
viene realizando investigaciones acerca de las violencias en las escuelas
brasileñas. Hasta ahora, hemos podido identificar que hay problemas serios de
convivencia dentro de las escuelas, que resultan en varias formas de agresión,
tanto verbal, como moral y física. Lo interesante es que no está restringida a
la relación entre pares, o sea,
entre estudiantes, sino que tiene lug ar también entre maestros y alumnos. Es de
doble vía: docentes y estudiantes son a la vez agresores y agredidos. Nuestras
investigaciones sugieren que ello es un síntoma de la falta de comunicación
entre los actores sociales presentes en la escuela -como no se comunican, no hay
entendimiento. Luego, surge el conflicto, que desborda en agresiones.
Naturalmente, las causas de dicha ausencia de comunicación, tanto como los
orígenes de la violencia, necesitan mayor estudio. Sin embargo, muchos expertos
coinciden en que hay más violencia en la escuela cuando hay menos sentimiento de
bienestar entre alumnos y docentes. En el espacio escolar estaría una
posibilidad de romper el
círculo vicioso de la violencia. Convertir el aprendizaje y la permanencia en la
escuela en una experiencia placentera es muy importante. Ello pasa por conferir
centralidad al alumno en el proceso de aprendizaje, darle la sensación de avance
y permitirle que se sienta cómodo en las aulas.


GC- ¿Hay recetas, acciones concretas en su experiencia que puedan aplicarse para
disminuir la violencia escolar?

JW- No considero que haya recetas infalibles o algo que se pueda aplicar y que
lleve necesariamente al fin de la violencia escolar. Hay sí experiencias
exitosas que merecen atención y que pueden ofrecer
alternativas viables para cambiar la realidad en las escuelas en todo el mundo.
Una de esas experiencias es la del Programa Abriendo Espacios en Brasil, una
iniciativa de la Unesco, llevada a cabo en asociación con el Ministerio y las
Secretarías de Educación de varios Estados en Brasil. La idea es abrir las
escuelas durante los fines de semana para la organización de diversas
actividades extracurriculares, tales como
prácticas deportivas, talleres culturales o actividades de formación
profesional. Con el apoyo de voluntarios y profesionales de la propia comunidad
próxima a la escuela, estas actividades, abiertas a la
participación de todos, permiten el fortalecimiento de las redes sociales. En
otras palabras, favorece la comunicación entre los actores que conviven dentro y
fuera de las escuelas. Las mejorías son claras. En las escuelas que participan
del programa, se ha logrado disminuir sustancialmente los índices de
criminalidad. Se nota también una mejoría en los desempeños de los alumnos en
aula. Esta experiencia se está ampliando y el objetivo es extenderla a todas las
escuelas del sistema público brasileño. La experiencia ha atraído la atención de
otros países, como Argentina.

GC- ¿Existe un vínculo entre la violencia escolar y la violencia que se da en la
sociedad?

JW- Sí, dicho vínculo existe, pero la cuestión es más compleja que eso. La
escuela es un espacio social y es afectada por varios fenómenos de la sociedad
en la cual está inserida. La reproducción del crimen organizado, el tráfico de
drogas, las agresiones entre parejas, por ejemplo, son fenómenos que pueden a
veces ser observados dentro y fuera de las escuelas, interfiriendo en
determinados establecimientos de la enseñanza. Sin embargo, muchas personas -los
propios profesionales de la educación- tienden a "externalizar" el problema de
la violencia en las escuelas o a "naturalizarlos"; eso es grave. Entender la
escuela como espacio de reproducción de comportamientos que tienen su origen
fuera del ámbito
escolar es importante sólo si, al mismo tiempo, se considera el papel social de
la educación, del educador y de la escuela en la corrección de dichos
comportamientos. No se pueden permitir determinismos. Por otro
lado, hay determinados tipos de comportamiento y situaciones que se generan en
la escuela que tienen que ver con la distribución de los roles sociales, con las
relaciones de autoridad y poder. Estos comportamientos y situaciones también
pueden ser causas de violencia y merecen, por lo tanto, la atención del
educador. Una vez más, es fundamental que el educador esté conciente de su papel
social, en la promoción de
comportamientos y valores que se reproducirán a lo largo de toda la vida del
ciudadano.


GC- Algunos hechos paradigmáticos marcaron 2004 en cuanto a violencia en las
escuelas, aunque el origen de esos hechos no haya estado estrictamente dentro de
la escuela y nos referimos a la masacre de Carmen de Patagones y al de Chile,
donde alumnos mataron a sus compañeros. ¿La violencia nació ese año, se propagó,
creció o simplemente se puso de manifiesto? ¿Desde cuándo puede decirse que se
viven climas de violencia en las escuelas de Mercosur, para acotar el área de
estudio?


JW- No se puede decir si la violencia nació, se propagó o creció en el último
año. No es posible decir cuándo tuvo origen el fenómeno analizado. El objeto de
estudio "violencia en las escuelas" se va modificando en el tiempo. La violencia
se define social y históricamente. Lo que hoy se llama violencia en una escuela
brasileña, puede que, en otro tiempo, no se identificaba como tal. Acuérdese
que, no hace mucho tiempo, el castigo corporal del alumno por parte del docente
era una práctica usual, mientras hoy se la considera inaceptable. Mensurar la
violencia, por lo tanto, es algo muy complejo, quizás poco relevante. Lo que sí
es fundamental es reconocer los rasgos de la violencia en las escuelas de hoy,
estudiar sus causas y explorar estrategias para combatirla. Las tragedias de
Carmen de Patagones y de Chile, tanto como la de Estados Unidos o Brasil, llaman
nuestra atención para las consecuencias extremas de situaciones de violencia
dentro de las escuelas. En nuestras investigaciones en escuelas brasileñas
vemos, por ejemplo, que las agresiones verbales se tornaron más frecuentes y que
la violencia entre maestros y alumnos es bidirecional.
Dichos rasgos reflejan valores vigentes en la cotidianidad y sugieren problemas
en las relaciones que se forman dentro de las escuelas. Si se logra trazar un
diagnóstico de la violencia en las escuelas, se puede
actuar más eficazmente para combatirla. Estamos avanzando hacia eso, pero no
existe aun un diagnóstico satisfactorio acerca de este problema en el mundo.

GC- ¿Cuánto aportan a esa violencia la proliferación y fácil acceso a las armas
de fuego por parte no solo de jóvenes sino de adultos?

JW- El fácil acceso a armas de fuego sirve en parte como explicación de las
tragedias nombradas anteriormente. Si los chicos no tuvieron acceso a dichos
dispositivos, jamás se hubiera llegado a consecuencias tan fatales. Pero no
basta limitar el acceso de los chicos a las armas de fuego - lo
que está prohibido en todo el mundo, al menos formalmente. Los niños, sobretodo
cuando más chicos, tienden a replicar los comportamientos de sus padres. Si sus
padres tienen un arma dentro de casa, el mensaje que se pasa al niño es que uno
tiene derecho a defenderse con un arma de fuego, aunque eso implique quitarle la
vida a alguien. Ese es un valor que va en contra de los principios democráticos
del imperio de la ley y que alimenta un sentimiento de inseguridad entre todos -
incluso entre los portadores
de armas de fuego. Por ello se hace importante promover el desarme y sacar de
manos civiles dispositivos hechos para matar.


GC- Las ONGs argentinas vienen trabajando desde hace tiempo en propuestas de
planes de desarme. La única experiencia en ese país es la provincia de Mendoza.
Desde el año 2000 vienen proponiéndolo a la Nación. Y ahora parece que hay
interés. ¿Augura Ud. éxito a esa propuesta?

JW- Naturalmente. El Gobierno de Argentina se ha mostrado muy interesado en
promover un Plan Nacional de Desarme, similar a la experiencia brasileña. Hemos
tenido, en la Unesco, la oportunidad de acompañar e
incluso intermediar intercambios entre autoridades de los dos países en ese
sentido. He tenido también la satisfacción de acompañar por medio de la prensa
argentina un debate bastante interesante acerca de la mejor manera de promover
uno de los elementos de dicho Plan - el canje voluntario de armas. Ello prueba
no solo que el Gobierno está tratando del tema, sino que también la sociedad
está activamente involucrada; eso es fundamental. El Plan de Desarme de Brasil
está obteniendo inmenso éxito y no hay razones para pensar que lo mismo no
sucedería en Argentina. La violencia en los dos países sigue un mismo estándar
que se observa también en muchos países de América Latina: está más concentrada
en los centros urbanos, afecta sobretodo a hombres jóvenes con menos de 25 años,
que son también las principales víctimas de ataques con armas de fuego, se
relaciona al crimen organizado y se agrava ante el deterioro de la situación
socioeconómica. Esa similitud favorece la adopción de estrategias similares. Aun
más importante: la cercanía entre Brasil y Argentina y la internacionalización
de la violencia requieren que se lleve a cabo una estrategia conjunta de combate
a la violencia en toda la región - el desarme civil incluido. Creo que se camina
hacia ello.

GC- ¿Cómo ve el desarrollo del Plan de Desarme de Brasil?

JW- Lo veo muy bien. El Plan de Desarme Brasileño es un buen ejemplo de
estrategia integrada, que propone medidas en el corto, mediano y largo plazo. Se
inscribe en un marco legislativo muy bien elaborado que le da más fuerza.
Engloba acciones preventivas y combativas y favorece comportamientos positivos.
Véase por ejemplo el canje de armas. Se dio a la sociedad la oportunidad de
entregar voluntariamente sus armas, la mayoría de ellas ilegales, sin que se
preguntara su origen o utilidad. Las armas se cambian por un valor en dinero,
que varía entre 100 y 300 reales brasileños según el tipo de arma. Cualquier
persona puede entregar el arma, bastando para eso llenar una hojita que le
permite hacer el traslado del arma hasta el local de canje. Pero el canje
voluntario de armas tiene duración limitada. Aunque ante su éxito - más de 200
millones de armas recogidas - el Gobierno decidió extender el período de acopio,
luego del fin de esa etapa, una legislación mucho más severa entra en vigor,
restringiendo aun más la posesión, el porte, la venta y el uso de armas de
fuego. Paralelo a eso, se hace hincapié en concienciar a la población sobre la
importancia del desarme civil en la promoción de la seguridad. Así, por ejemplo,
se promovió el Desarme de Niños, mediante el cambio de juguetes bélicos por
otros no violentos. Están involucrados los tres Poderes - Ejecutivo, Legislativo
y Judicial - el sector privado, la sociedad civil organizada. Se cuenta con el
apoyo de los medios y de los ciudadanos. El involucramiento de todos deja claro
que el problema de la seguridad concierne a todos los ciudadanos, creo que esa
es una de las claves del éxito brasileño.

GC- ¿En qué puntos del plan de acción de un plan de este tipo pondría Ud. el acento?

JW- Para el éxito de cualquier plan de acción que se destine a dar fin a la
inseguridad, es preciso el econocimiento de las múltiples causas de la
violencia. Ello exige la elaboración de una estrategia integrada, que actúe al
mismo tiempo y de manera coordinada en diversos frentes. Es esencial que no se
restrinja la seguridad a una cuestión de policía. Es también y fundamentalmente
una cuestión de educación, así como de
garantías institucionales, de acceso a servicios básicos, de empleo, entre
otros. Si se desea que los resultados sean sólidos y duraderos, hay que asegurar
un papel prioritario a la educación: es ella la herramienta más eficaz en la
construcción de una cultura de paz.

GC- ¿Cree que la educación puede cumplir un rol importante en la reversión de
los problemas de inseguridad? ¿Cómo?

JW- No tengo dudas en cuanto a la importancia de la educación en la reversión de
los problemas de inseguridad. Dice la carta constitutiva de la Unesco que,
"puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los
hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz". Considero esa afirmación
verdadera y la educación es una de las maneras de llegar a la mente de hombres y
mujeres. Así se diseminan, crean y promueven valores y comportamientos para la
paz. La educación debe
permitir al ser humano desarrollar las competencias necesarias para el debate y
el razonamiento, debe incentivar la tolerancia y el respeto, valorar la
diversidad y la pluralidad cultural. Además de ese impacto
directo, la educación produce efectos sobre otros dominios de la vida cotidiana
que pueden incidir de manera favorable en el combate de la inseguridad, por
ejemplo, por medio de la formación de la conciencia
ciudadana y la capacitación profesional. La educación debe desarrollar en el
individuo las competencias necesarias para la vida, permitiéndole no solo
insertarse efectivamente en la sociedad, en cuanto ciudadano
participativo, sino también aprender a lo largo de toda su existencia. Sin
embargo, no podemos permitirnos caer en idealismos. La educación es fundamental
y merece ser tratada con prioridad, pero no es suficiente para poner fin a la
inseguridad. Debe ser un componente esencial de una estrategia integrada.

GC- ¿Es optimista con respecto a que se avance en la superación de la violencia?
¿Qué decisiones y acciones son clave para ellos de parte de la sociedad, los
gobiernos, los entes estatales y privados y la sociedad civil organizada desde
su punto de vista?

JW- Sí, soy optimista. Superar la violencia no es una tarea sencilla, pero es un
desafío por el cual urge luchar. La principal decisión tiene que venir de todos
en conjunto - sociedad civil, gobierno, sector privado - y
consiste en apostar en la promoción de una cultura de paz como la estrategia de
salida a esa situación de inseguridad. En esa estrategia, cada uno tiene su
responsabilidad. El Gobierno tiene que garantizar la
seguridad de los ciudadanos por medio de las instituciones legales. La sociedad
civil debe apoyar al gobierno y rechazar las falsas garantías de seguridad,
basadas en supuestos derechos individuales: el desarme de la población civil es
muy importante. El sector privado tiene que asumir sus responsabilidades
sociales y explorar las muchas maneras por las cuales puede contribuir para el
bienestar de la sociedad. Los empresarios tienen que entender que la seguridad
favorece también a sus negocios. Hay que garantizar que todos estos actores
estén en constante diálogo y que actúen coordinadamente dentro de un marco
estratégico para revertir la violencia y promover la paz.

Fuente: Gabriel Conte y Jorge Werthein