Noviembre 22, 2004

A veces el cinturón de seguridad no es suficiente

Los niños requieren butacas especiales

Camila, de 3 años, emprendió un viaje a la costa para pasar un fin de semana cerca del mar. Pasajera posterior del auto, su padre le colocó el reglamentario cinturón de seguridad lo mejor que pudo. Media hora más tarde, una brusca frenada evitó una colisión, pero incrustó la holgada banda de falda del cinturón -diseñada para un cuerpo adulto- en el abdomen de Camila.

Momentos más tarde, Camila ingresó en la guardia del Hospital de Niños con un dolor muy intenso cerca del ombligo, donde se advertía a simple vista la marca del cinturón. Mientras realizábamos un estudio radiográfico, Camila empezó con vómitos y un intenso malestar; media hora más tarde entró en el quirófano para una cirugía de urgencia.

La cirugía reveló que el cinturón de seguridad había aprisionado con tanta fuerza el intestino contra la columna vertebral que lo perforó. Afortunadamente, la intervención quirúrgica resolvió el problema y a la semana Camila fue dada de alta, con la indicación de volver para un nuevo control.

La gran cantidad de hechos traumáticos que crean en nuestro país las colisiones por vehículos de motor ha motivado que sea obligatorio para conductores y pasajeros el uso del cinturón de seguridad. Bienvenida esta normativa, pero no está de más decir que ésta debería acompañarse con una campaña de educación para quienes tienen la responsabilidad de transportar niños.

El padre de Camila cumplió con la reglamentación, pero no tomó en cuenta que el cinturón de seguridad de su auto está confeccionado para adaptarse al cuerpo de un adulto.

Las sillas para transportar niños aparecieron en la década de 1950, como un dispositivo relacionado con el confort. A partir de 1980, comenzaron a fabricarse para prevenir lesiones frente a una colisión.

Estos sistemas fueron desarrollados interpretando la anatomía del niño, su crecimiento y las características del comportamiento infantil. En el estándar de las mismas se reconoce el resultado de una minuciosa investigación a través de los ensayos que se realizan en los testeos de impactos.

Actualmente, estas butacas son simples y, utilizadas correctamente, proporcionan a los niños menores de 4 años gran inmovilización y sujeción, siendo un método confiable en términos de seguridad pasiva.

A Camila le compraron una y está muy contenta de visitarnos viajando cómoda pero, fundamentalmente, segura.

Por Jorge Fiorentino
Para LA NACION

El autor es jefe del Departamento de Urgencia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.

Fuente: Diario La Nacion