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La ley sobre trastornos en la alimentación

Una nueva ley nacional considera que los trastornos de alimentación -como la obesidad, la bulimia o la anorexia- son una “enfermedad”. Ello obliga a que las obras sociales deban cubrir las prestaciones. Se trata de un tema también cultural en el que deben participar -para su solución- la familia, la escuela y la misma sociedad erradicando algunos preconceptos ya instalados.

Recientemente, el Senado de la Nación dio sanción definitiva a un proyecto de ley que considera “enfermedad” los trastornos en la alimentación, como lo son la obesidad, la bulimia y la anorexia. Esa nueva calificación obliga, a partir de ahora, a las obras sociales a brindar atención a los afectados, en razón de que han sido incorporadas al Programa Médico Obligatorio.

Se trata de una medida atinada, porque esos trastornos de conducta afectan a un porcentaje importante de la población, pero también son el producto de una situación cultural en la que deben intervenir la familia, la escuela, el Gobierno y también los medios de comunicación masiva.

Según los especialistas, tanto la obesidad, como la bulimia y la anorexia son trastornos de alimentación de origen psicológico y no médico. Quienes sufren esa situación suponen que son ignorados o demasiado controlados por personas significativas para ellos y, a modo de reacción, presentan una conducta de evitación. Todos tienen una autoimagen insatisfactoria y un sentido de ineficacia personal que llega a todos los aspectos de su vida.

La nueva norma legal fue debatida in extenso y tuvo numerosas modificaciones respecto del texto original y, entre sus artículos involucra a los ministerios de Educación y de Desarrollo Social, porque impulsa la educación alimentaria en el sistema educativo, un aspecto interesante en razón de que, se asegura, gran parte de los problemas de quienes sufren trastornos alimenticios parten del hecho de que ven su propia figura a través del juicio de los otros.

La ley establece que en los alimentos deberá advertirse sobre aquellos con elevado contenido calórico o los pobres en nutrientes, y tratan a los problemas como una enfermedad y no como un tema meramente estético.

Se obligará también a que los anuncios publicitarios y los diseñadores de moda no utilicen la “extrema delgadez” como un símbolo de salud y belleza.

Los legisladores tuvieron en cuenta, indudablemente, lo sucedido en otros países, en los que se ha obligado a que las modelos de los desfiles deban tener un peso corporal acorde con la estatura y que basaron la legislación luego de las graves denuncias que hacían alusión a jóvenes que, en su intención de modelar, habían llegado a la muerte como consecuencia de estilizar su figura dejando de alimentarse.

Otro de los aspectos que deberían controlarse se centra en lo que sucede con las páginas de Internet, que suele ser el lugar buscado por quienes sufren ese tipo de desórdenes.

Así lo señala un sondeo efectuado por una universidad norteamericana, que indica que un tercio de los pacientes aprendió a través de un sitio las nuevas formas de bajar de peso y de purgarse.

Esos sitios habían aumentado considerablemente entre 2001 y 2003, lo que obligó a muchos operadores de portales a removerlos.

En España, por ejemplo, el Gobierno clausuró uno de esos sitios como consecuencia de las enérgicas protestas del gobierno autónomo de Madrid y de las autoridades sanitarias del país, en razón de que promovía un concurso que recompensaba a las chicas que lograran perder un máximo de peso en un lapso de 14 días.

Una situación similar se presentó durante mucho tiempo con quienes sufrían problemas de obesidad. En este caso, en Mendoza hizo falta una norma legal denominada “ley de talles” que exigía a los comercios de venta de ropas a ofrecer también talles “grandes”. El proyecto surgió ante las numerosas denuncias que se habían recibido al respecto.

Con la nueva ley nacional, las obras sociales y las empresas de medicina prepaga tendrán la obligación de incluir entre sus prestaciones todos los tratamientos médicos necesarios, incluyendo nutricionales, psicológicos, clínicos, quirúrgicos, farmacológicos y todas las prácticas médicas necesarias para la atención de las enfermedades.

Pero, por tratarse de un tema cultural, también tiene que involucrarse la familia, realizando un seguimiento conveniente respecto de las actitudes que van adoptando los jóvenes, la escuela, con charlas didácticas sobre los serios perjuicios que provocan esos trastornos alimenticios y la sociedad en general, que debería evitar algunos preconceptos instalados por modas que terminan afectando física y mentalmente a gran parte de sus componentes
Fuente: Diario Los Andes