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Encuesta sobre hábitos de alimentación Los adolescentes saben poco de nutrición

Creen en "falsas verdades" muy difundidas entre los adultos y que condicionan sus comidas. Especialistas estudiaron chicos de 13 a 17 años. La mayoría de las chicas quiere modificar su cuerpo

¿Qué saben los adolescentes de alimentación? Aparentemente, muy poco y, según una encuesta entre estudiantes secundarios, los pilares de ese desconocimiento son algunos de los mitos nutricionales más comunes que se heredan de padres a hijos.

La lista de "falsas verdades" incluye creencias populares como que el alcohol fija las grasas, que para adelgazar no hay que combinar ciertos alimentos, ni comer pastas o papa, que el pan tostado engorda menos, que el pescado no tiene grasa ni colesterol, que los productos con gluten tienen menos calorías que los comunes, o que las vitaminas y los minerales engordan.

"En general, observamos que los varones creen más en estos mitos que las mujeres, aunque hubo mayor cantidad de mitos entre los que quieren hacer dieta", explicó a LA NACION la licenciada Marcela Leal, directora de la carrera de Nutrición de la Universidad Maimónides y docente del posgrado Trastornos de la Conducta Alimentaria de la Universidad de Buenos Aires y la Asociación Psicoanalítica Argentina en el hospital Borda.

Leal dirigió un análisis de hábitos nutricionales a partir de una encuesta realizada por la nutricionista Valeria Dag en 288 alumnos, de 13 a 17 años, de una escuela pública de la localidad bonaerense de Banfield. A partir de ese relevamiento, el equipo identificó las 10 "verdades" más prevalentes entre los adolescentes y observó que a medida que aumentaba la edad y la información nutricional, disminuía la presencia de esos conceptos.

"Un mito nutricional es el desconocimiento alimentario que puede condicionar hábitos. El problema que detectamos es que en ellos, la desinformación condicionaba de manera notable su forma de alimentarse", agregó la licenciada Leal, que es representante regional para América del Sur de la Federación Latinoamericana de Investigación en Nutrición y Alimentación.

El equipo halló no sólo que la principal fuente de información nutricional para esos adolescentes es la familia, sino que además las mujeres manifiestan más interés que los varones en la selección de alimentos. Los criterios son el sabor, la fecha de vencimiento y, por último, el contenido nutricional que aporta el producto.

Los adolescentes consultados tendían a pasar por alto el desayuno y el almuerzo; consumían una gran cantidad de refrigerios, dulces y snacks; preferían las comidas rápidas; seguían dietas disarmónicas y no comían suficiente fibra, vitaminas y minerales.

Estos resultados integran el proyecto Escuela Promotora de Alimentación Saludable de la universidad, según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre nutrición y prevención de enfermedades crónicas desde la adolescencia.

Los diez mitos

Para los adolescentes encuestados, las verdades "indiscutibles" fueron:

En una dieta para adelgazar no se deben combinar determinados alimentos. "Esto es reflejo de un modelo de dieta muy común, la disociada, que no aporta calcio y disocia las proteínas con los hidratos de carbono cuando, en realidad, el organismo de los chicos está preparado para recibir esos nutrientes", indicó Leal. Aunque esa dieta les permite a los chicos perder peso rápidamente, "no comen de manera equilibrada ni respetan las comidas básicas del día", dijo.

El alcohol fija las grasas. "Aporta calorías, pero no fija las grasas, sino que las disuelve", señaló Leal. Mientras que cada gramo de hidratos de carbono aporta 4 calorías y las grasas, 9, el alcohol proporciona 7 calorías.

Si se tiene colesterol alto, no se pueden consumir huevos. "En el contexto nutricional adecuado y bajo recomendación médica, incluso los pacientes con colesterol alto pueden comer hasta tres huevos por semana", comentó Leal. Entre sus beneficios están el aporte de proteínas de alto valor biológico, vitaminas liposolubles, hierro, fósforo y ácidos grasos monoinsaturados (reducen el colesterol "malo" sin afectar el "bueno" (HDL)).

Los productos ricos en gluten tienen menos calorías que los comunes. "Es una proteína presente en las harinas de trigo, avena, cebada y centeno, que se recomienda a los diabéticos porque tiene menos hidratos de carbono y menos proteínas que las versiones comunes de esos productos, pero el aporte de calorías es el mismo", dijo Leal.

El pan tostado engorda menos que el fresco. La única diferencia que produce la tostadora es la pérdida de agua; no de calorías. Cien gramos de pan (seis rodajas de lactal) aportan 250 calorías y nada de grasa, según la experta. Las galletitas, en tanto, suman en promedio unas 410 calorías y 10% de grasa por cada 100 gramos.

El pescado es un alimento que no tiene grasa ni colesterol. Aunque con mucha menos grasa que la carne, 100 gramos de pescado aportan 3 gramos de grasa, según Leal.

Las papas y las pastas no deben consumirse para bajar de peso. "Lo que suma calorías es lo que se les agrega para acompañarlas -insistió-. Hoy, hasta un diabético puede comerlas en ciertas cantidades."

La manipulación industrial destruye el valor nutritivo de los alimentos. En el congelamiento industrial de los vegetales pasan 90 minutos entre la cosecha y el frío, por lo que el valor nutritivo es más alto que en los vegetales frescos: la lechuga, por ejemplo, pierde un 50% de vitaminas desde que la planta se arranca hasta que se consume.


"El proceso paraliza toda actividad enzimática y microbiana en el alimento -dijo Leal-. La tecnología aplicada a los alimentos brinda beneficios saludables como prolongar su vida útil, contar con alimentos de temporada todo el año o evitar el desarrollo de hongos."


Las vitaminas y los minerales tienen calorías.

Algunas variedades de aceites tienen colesterol y otras no.


"Mientras que las vitaminas y los minerales (micronutrientes) no aportan calorías, los aceites no aportan colesterol, sino grasas. Los aceites son de origen vegetal y el colesterol está presente en el reino animal", concluyó la nutricionista.

Por Fabiola Czubaj
Fuente: Diario LA NACION