Julio 07, 2008

Chicos con problemas grandes

Las alteraciones relacionadas con los niños sobrecargados por las tareas o los ambientes hostiles son cada vez más frecuentes. Cómo descubrirlo a tiempo, y qué hacer para contrarrestarlo.

Los especialistas coinciden: el estrés infantil es una afección cada vez más frecuente, y sus principales desencadenantes son la exigencia de alto rendimiento y la sobrecarga de tareas a la que están sometidos muchos chicos.

Un ámbito escolar muy competitivo, padres súper estresados y la falta de tiempo libre para que los chicos puedan jugar más o simplemente no hacer nada, se puede convertir en el caldo de cultivo de algunos síntomas del estrés, una afección que hasta hace poco tiempo era considerada un patrimonio exclusivo de la vida adulta.

1) ¿Cuáles son los síntomas a los que habría que estar atentos?

"La sintomatología tiene que ver con alteraciones gastrointestinales -como dolores estomacales, diarreas, náuseas o vómitos-, con cefaleas, o con cambios emocionales, donde hay alteraciones de la conducta, como nerviosismo o agresión. Cuando se producen estos cambios, resulta más o menos claro que al chico se lo está sobrecargando", señala Daniel López Rosetti, presidente de SAMES, la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (www.sames.org.ar).

Dentro de las alteraciones que ocasiona el estrés infantil están también los problemas de aprendizaje. “No pocas veces vemos que un chico con dificultades de este tipo tiene síndrome de estrés -señala López Rosetti-. Cada vez es más frecuente la consulta de los padres y el estrés es cada vez más común en el ámbito infantil”.

2) ¿Qué se puede hacer para aliviar esta situación?

"Muchos chicos viven con una carga importante de tareas: doble escolaridad, demandas en el rendimiento, profesores o maestros muy exigentes, con lo cual disminuye el tiempo para el juego y la diversión. El estrés responde favorable y rápidamente a la disminución de cargas y presiones, y al aumento de las actividades del chico con sus pares", agrega.

Según el especialista, una forma de decir "basta" que tienen los niños es no aprender. "Hay que dimensionar la carga a la respuesta individual de cada uno", sostiene, porque "el estrés infantil no resulta de la carga autoimpuesta sino que se produce por el exceso de carga de la actividad escolar o por la presión familiar para que tenga el rendimiento esperado por sus padres".

"A diferencia del adulto, que muchas veces se sobrecarga externa o internamente, a los chicos se los sobrecarga desde el entorno. Pero un niño necesita jugar, tiene sus propias necesidades, y no siempre es igual a sus hermanos", concluye López Rosetti.

Una visión similar sobre el tema tiene Gabriela Martínez Castro, la directora de CEETA, el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de la Ansiedad. (www.ceeta.com.ar).

Para ella, "el estrés en los niños es básicamente el mismo que en los adultos. Hay situaciones relacionados con la inseguridad, si fueron robados o agredidos, que puede ser desencadenante. Las condiciones para que este trastorno se presente es tener un antecedente hereditario, que uno de los padres tenga predisposición a la ansiedad".

Entre las causas que funcionan como detonantes, la especialista señala que el estrés infantil "crece en un ambiente exigente y crítico; el factor desencadenante -reitera- puede ser la inseguridad. El estrés infantil se da tanto dentro como fuera del ámbito escolar, por sobrecarga de un ambiente muy exigido y crítico en la casa, y sobrecarga en la escuela con cada vez más tarea para hacer en el hogar".

¡Atención!

A la hora de hablar de las señales de alarma, Martínez Castro señala que "básicamente, los trastornos de la ansiedad se expresan de manera similar a lo que ocurre en los adultos: el chico está deprimido, ansioso, preocupado por su rendimiento, y puede llegar a caer en la fobia escolar. También sufre síntomas físicos, como el dolor de estómago o fiebre".

Para prevenir este trastorno, la especialista sugiere "tener cuidado con el manejo de la agenda de los chicos, no someterlos todo el día a actividades, y dejar tiempo para el esparcimiento, el descanso. También se debe cuidar el nivel de hipercrítica y exigencia que a veces tienen los padres, y trabajar el grado de pesimismo o pensamientos catastróficos que pueden aparecer en algunos chicos, "me va a ir mal, todos se van a burlar de mí", etc. Hay que estar muy atentos, porque el número de chicos con estrés está aumentando, y en algunos casos puede llegar a trastornos de pánico y fobia social", advierte. CC .

Fuente: Diario LOS ANDES