Marzo 01, 2005

Violencia escolar: en busca de una solución

“Debemos cambiar las pautas culturales que hay en la sociedad. No hay que ver los episodios violentos como algo natural”, enfatizó la licenciada en Psicología Marta de la Rosa.

Amenos de una semana del comienzo del nuevo ciclo lectivo resurge el tema polémico que tiñó de hechos lamentables el 2004: la violencia escolar. “En este último tiempo, la percepción del fenómeno de escenas de violencias en los colegios ha aumentado. Más del 90% de los docentes manifiestan que el fenómeno incrementó y suponen que lo seguirá haciendo. No hay dudas de que la situación social ha cambiado, y que impacta en el alumno que entra a la escuela con toda su carga de violencia aprendida”, explicó el psicopedagogo Alejandro Castro Santander.

Cuando no se ve

“En las últimas investigaciones que hice en la provincia, apareció un tipo de violencia ‘desapercibida’ para la mayoría de los docentes y que ocupa la escena principal en el aula (acoso, maltrato, aislamiento, rechazo, entre otros)”, comentó el psicopedagogo.

Existen violencias manifiestas que por su característica son fáciles de observar; pero, ¿qué sucede con las nuevas formas de violencia desapercibida que sufren algunos alumnos en silencio?

“La investigación que hice muestra que la violencia física desciende a medida que se va avanzando en edad, pero se percibe un aumento de la verbal. Además, es más frecuente la violencia física en los varones y la psicológica en las niñas.

“Más allá de la sanción que corresponda, la pregunta hoy debería ser: qué estamos haciendo para prevenir todas estas formas de violencia. Las normas deben existir, pero qué más podemos hacer desde la escuela y las familias para adelantarnos a estos hechos que no sólo se presentan en la escuela, sino en todos los ámbitos en donde niños y adolescentes se relacionan.

Por una parte pregonamos una educación integral, pero, por otra, a la dimensión afectiva no le dedicamos ningún aprendizaje. ¿Quién educa hoy al niño para que sepa estar con el otro?”, enfatizó el profesional.

El papel del docente

“En primer lugar, el docente en los últimos años ha entendido que necesita primero capacitarse para entender y gestionar la convivencia que hoy se le presenta en el aula. Y no me refiero sólo a mediación, sino el saber leer los climas que se producen en ese ámbito”, contó Castro Santander.

Y siguió: “En segundo término, no queda todo librado al criterio del docente. La indisciplina y las conductas violentas de los alumnos deben estar limitadas por un marco normativo institucional. Las normas de convivencia en cada escuela deben ser fruto de la reflexión de toda la comunidad educativa, que al reconocer y adherir a un grupo de valores, busca protegerlos a través de normas.

“Y, por último, el docente debe conocer a cada uno de sus alumnos. Esto que hoy en algunas instituciones parece utópico, dado el número de chicos con los que se debe trabajar y la conflictividad que se da en las aulas, hace a la ética de la relación educativa.

“¿Quién es ese niño violento? ¿Quiénes son sus padres? ¿Su conducta violenta es, acaso, recurrente? Hemos visto casos de gran violencia en donde quien en primera instancia aparece como victimario, ha sido durante mucho tiempo víctima de burlas, rechazos y aislamiento”, finalizó.

Padres, ¿Culpables?

Según el psicopedagogo: “Éste es uno de los temas que más nos preocupa. Antes, familia y escuela confiaban mutuamente en su rol. Es decir, cuando un padre era citado al colegio por la mala conducta de su hijo, tomaba esa medida como una ayuda para la educación del niño. Escuela y familia querían lo mejor para él y juntos dialogaban y ‘acordaban’ los cambios que el niño debía tener. Pero en la actualidad, roto este pacto que beneficiaba directamente al alumno, los diálogos docentes-padres se convirtieron en una verdadera pulseada”.

Un niño que muestra actitudes violentas en la escuela está dando un mensaje que a veces los padres no quieren o no saben interpretar. “¿Por qué no volver a confiar en la escuela para que juntos se pueda sanar lo que, tal vez, está herido en ese niño? Padres que sólo asisten al colegio para preguntar, ya no cómo anda su hijo, sino ‘¿Qué le han hecho?’ representa un mal pronóstico para las relaciones interpersonales que debe mantener diariamente”, aportó Castro Santander.

¿Qué hacer?

“Recuperar la sociedad ‘escuela-familia’ construida sobre la confianza y valores compartidos; capacitarse, tanto docentes como padres, ante la nueva realidad infantil y juvenil; y volver a poner al niño o al adolescente en el centro de nuestras preocupaciones. Como dice el refrán africano: ‘Para educar a un niño se necesita toda la tribu’”, agregó el psicopedagogo.

Fuente: Diario LOS ANDES