Septiembre 17, 2004

Padres e hijos: la carrera universitaria, una elección negociada

Las influencias de los familiares y el miedo a equivocarse de carrera, ensombrecen el poder de decisión, los gustos y las convicciones de los jóvenes. El karma de los preuniversitarios, analizado por dos especialistas de la Universidad Nacional de Córdoba.

Están a un paso de tomar una de las decisiones más importantes de su vida. Podrían vivirlo como algo natural, pero se sienten cargados de tensiones. Saben, en el fondo, que sus padres siguen de cerca esta decisión y someten sus gustos personales a una negociación que incluye una decena de variables: lo que hacen los amigos, la salida laboral, el lugar y el costo de la universidad, la presión familiar y la de las empresas, que cada vez buscan gente más joven. ¿Demasiadas presiones para tener sólo 17? Puede ser, pero no queda otra. A esta altura del año, cada año, miles de jóvenes deben elegir qué carrera seguir. Y los padres tienen una influencia mayor.

“Los padres y la familia en general, tienen una influencia fundacional en la problemática”, dijo Omar Bertocco, del Departamento de Orientación Vocacional de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Y explicó: “Muchos jóvenes centran su esfuerzo en torno a una idea que está instalada en toda familia, la del progreso familiar, que hoy significa tener una profesión”. Para este licenciado en psicología, más allá de una aparente liberación de las "genealogías profesionales", esto es, de aquellas familias ligadas en su identidad con alguna profesión en particular, subyace el mandato familiar de emprender una carrera universitaria.

Según Roxana Mercado, investigadora de la UNC, "padres e hijos despliegan una serie de negociaciones con el objetivo de ver qué carrera es la más indicada para resguardar los capitales familiares, que no son siempre económicos sino también simbólicos y sociales". En virtud de estos elementos, la autora de la tesis de maestría "Un análisis sobre el ingreso como un aporte para pensar la deserción estudiantil" entiende que la elección de una carrera tiene que ver con la historia del individuo y, fundamentalmente, con la de su familia.

Claro que hay cierto determinismo inevitable. Aunque, según Bertocco, esta influencia no tiene porqué ser negativa, ya que desarrollar intereses, aptitudes y hasta un campo de conocimiento sobre la profesión es parte de la función de la familia. "El problema es cuando la persona convierte a las influencias en mandato”, asegura. Muchos de los jóvenes que participan de los grupos de orientación vocacional niegan ser presionados por sus padres. Sin embargo, reconocen que la influencia es mucho más amplia que la presión. Los deseos de la familia juegan como una imposición.

Los especialistas destacan que esta influencia se despliega por vías inconscientes. “No es lo que los padres les obligan a hacer a sus hijos, sino lo que éstos se imaginan que a sus padres les gustaría que hicieran", dice. El influjo familiar se hace presente también en aquellos hogares donde no hay una tradición de profesionales, ya sea porque los padres no iniciaron estudios universitarios o porque no pudieron completarlos. “En estos casos el planteo se da a la inversa. El mandato ya no es hacer una carrera ni recibirse, sino cambiar la historia familiar. Los chicos sienten que el desafío es descubrir hasta dónde pueden llegar”, asegura el especialista.

La mala predisposición de los jóvenes que solicitan ayuda para la orientación vocacional es casi una constante. En primer lugar, abundan términos "bélicos" en su discurso, como "tener armas para defenderse en el mundo del trabajo" o "progresar para salir a pelear". Todo esto atravesado por ideas como la de "competitividad", donde los estudiantes observan que la cantidad de profesionales es siempre mayor a la oferta de trabajo, lo que los mueve a planear estudios de posgrado aun cuando no han alcanzado la mitad de la carrera. A esta noción de que el título de grado se convierte sólo en una base se suma un elemento fundamental: la urgencia por recibirse.

Pero la presión siempre es más angustiante para jóvenes confundidos. A los 17 o 18 años, terminando la secundaria, se presenta el mandato de elegir una carrera para toda la vida. “Cuando dimensionan lo que esto significa, se asustan, sobre todo si son chicos acostumbrados a discutir temas mucho más simples, como ir a bailar o la hora para regresar a casa", ejemplifica Bertocco. Esta realidad se hace más evidente con los jóvenes provenientes del interior, afectados por la idea de "fracaso". Volver a su localidad de origen suele implicar que pierdan su “única chance”.

Para los padres tampoco es fácil. A veces auspician las decisiones de sus hijos y otras, las cercan, para evitar que los chicos se dispersen. “Esto se debe a que sus decisiones no están firmes sino que se manejan sobre un campo de dos o más carreras posibles” explica Roxana Mercado y menciona la falta de información como otro de los factores clave, sobre todo en la poblaciones del interior, donde la injerencia de los padres apunta hacia las carreras tradicionales. Bertocco les recomienda a los padres hacer un esfuerzo por darles a sus hijos la oportunidad de que se equivoquen. “El único indicador que tengo para ser capaz y efectivo es hacer eso que me gusta, porque ahí es donde voy a poner todo lo mío, mi creatividad, mi mejor esfuerzo”, concluyó el especialista.

Fuente consultada: Diario Clarín