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Junio 20, 2007

La indisciplina escolar afecta la tarea docente

“Hay miedo a enseñar, se lo ve como sumisión. Hoy pareciera que no tuviéramos nada que enseñar a los jóvenes. El igualitarismo no se puede dar en la institución escolar: si el maestro es lo mismo que el alumno, no hay escuela".

Este concepto fue expresado a Los Andes por Jaim Etcheverry, médico, investigador, docente y escritor sobre temas educativos, que acredita una sólida trayectoria en los medios de la enseñanza en la Argentina.

Y fija la atención en uno de los problemas más acuciantes que se dan en el sistema de educación del país, en todos sus niveles y jurisdicciones, porque se refiere esencialmente a la falta de autoridad en la estructura de los institutos de enseñanza, donde ya ni docentes ni directivos pueden imponer orden y disciplina, algo que lleva a la desvalorización del papel de los educadores.

Se está poniendo mucho énfasis en los últimos tiempos en la capacitación docente como un medio para perfeccionar los contenidos de la enseñanza y mejorar, de esa forma, la preparación de los alumnos: los cambios en la conformación social del país deben ser tenidos en cuenta y sumarse nuevos conocimientos a los que deben ser volcados en el proceso de enseñanza. Pero esto implica que la labor de los docentes se ve multiplicada, y por consiguiente la que deben desarrollar por su cuenta los propios alumnos.

Mayores requerimientos y exigencias no pueden instaurarse en un medio donde la indisciplina llega a niveles que impiden una adecuada convivencia en el aula: insultos, amenazas o ataques personales son un ingrediente de la vida cotidiana de muchos docentes y de alumnos que quieren cumplir con sus tareas y lo encuentran imposible en un ambiente donde vale tanto una cosa como otra.

O sea, por más que se preparen los docentes y se incorporen nuevas pautas en materia de educación, nada de ello se verá reflejado en los resultados en medio del desorden y de la indisciplina.

Esto sucede por oposición a formas tradicionales de autoritarismo y hasta paternalismo que se dieron en segmentos del sistema educativo argentino. Pero, de lo que se trata es de instaurar un sistema de autoridad que implique el respeto del docente hacia el educando, el que debe ser retribuido sin excepciones por el último. La permisividad en materia de comportamiento de niños y adolescentes que se dio en los años en que se intentaba evitar por todos los medios que desertaran del proceso de enseñanza ha llevado a lo que tenemos hoy: alumnos que terminan sus ciclos de enseñanza con muy poco aprendido, algo que se refleja de lleno cuando intentan asumir etapas para las que hay que tener una adecuada formación.

Maestros y profesores ya no encuentran la forma de hacerse escuchar o entender ante menores que saben que el sistema no obrará en materia disciplinaria más que en casos extremos. No es una ciega represión lo que se propicia, sino la revalorización del docente como persona mayor, que sabe más que quienes están a su cargo y que debe transmitir sus conocimientos.

Pero esto no se puede lograr en un ámbito que es asediado no sólo por la indisciplina y la falta de respeto, sino por progenitores que únicamente se preocupan por las malas notas y están dispuestos, en ciertos casos, a ir a un instituto, armar un escándalo y, como se ha dado en muchas oportunidades, agredir al educador. Se ignora, obviamente, que son los padres los responsables de que los alumnos estudien en sus casas y realicen las tareas que les son encomendadas. Así, el esfuerzo de muchos otros jefes de familia que sí se preocupan por verificar si sus hijos saben y por ayudarlos en el proceso, se ve esterilizado.

El ambiente que impera en muchas escuelas, e invariablemente en cursos que albergan a alumnos en años conflictivos -especialmente los octavos y novenos del anterior sistema, o primero y segundo del reformado- no sólo influye sobre el resultado de la labor docente, sino que impone a los profesores un estrés que se refleja en su salud mental y hasta física.

Un sistema disciplinario más estricto podría ser una ayuda, pero si va acompañado con otro tipo de acciones por cuenta de profesionales que no sólo asistan a los alumnos en sus problemas personales, que no son pocos en ciertos casos, sino que además afirmen el concepto de respeto y convivencia que debe imperar en todo instituto de enseñanza. La convocatoria a los padres, e incluso la ayuda de la Justicia cuando se sospeche con fundamento que no colaboran en la contención y educación de sus hijos, serían elementos que podrían ayudar a que se asuman responsabilidades que fijan las mismas leyes.

Fuente: Diario LOS ANDES