[ Ir a Noticias ]

Marzo 14, 2004

“La lectura es oportunidad”

Con el programa “Mendoza lee y cosecha”, la Provincia busca ponerse a tono con la estrategia nacional de promoción de la lectura.
En una entrevista exclusiva, la directora general de Escuelas, Emma Cunietti, habla de claves y alcances del plan.
Además, reflexiona sobre el momento actual de la educación.

¿En qué consiste el programa "Mendoza lee y cosecha"?

-Se trata de una serie de acciones destinadas a promover el hábito de la lectura, no solamente entre los chicos sino en la familia. El programa se va a concretar en varios pasos. Uno de ellos es la inauguración del Centro de Lectura e Información de Mendoza, el Ceplin. Otro será la entrega de material de lectura en actos abiertos; en esto nos adherimos al programa nacional que hay al respecto. Otra acción importante va a ser la promoción de momentos de lectura en las escuelas, las que van a ser provistas con folletos y libros para que el chico pueda tener su momento diario o semanal para leer. En este marco, se van a plantear indicadores de logro y metas concretas de lectura.

También trabajaremos con el área de Cultura y las bibliotecas populares. La idea es hacer más accesible la lectura a todos. Vamos a ofrecer orientación para que los chicos y las familias sepan cómo acceder a los libros, cómo llegar a las bibliotecas, cómo inscribirse, sobre todo aquellos que no tengan los medios económicos para adquirir libros.

Planteamos el programa "Mendoza lee y cosecha" porque creemos que hay que unir el tema de la cultura al de la identidad. Mendoza no es solamente vendimia desde la perspectiva de la vid sino que también es cosecha en el sentido de la producción cultural.

-Ahora, la crisis y los diez años de menemismo dejaron a la sociedad con hambre, violencia y un gran retroceso cultural ¿Este programa no resulta un tanto espectacular o efectista en ese marco?

-Yo creo que los problemas de raíz de la educación tienen que ver con muchas cosas. La vieja educación sarmientina tenía muchas cosas positivas; creo que la educación liberal fue mucho mejor que la neoliberal. Por ejemplo, la lengua y la lectura fueron muy importantes en la escuela tradicional porque la argentina era una sociedad con muchos miles de inmigrantes. El sistema de educación socializadora revirtió eso rápidamente y nosotros podemos ver que gracias a ese incentivo del lenguaje y la lectura que hizo la escuela, la Argentina no tiene la situación que tienen otros países en los que hay familias de alemanes o italianos, de tercera o cuarta generación, que siguen hablando alemán o italiano en la casa. La identidad de ellos previa fue más fuerte que la identidad que adquirieron en su nuevo país. En la Argentina esto no ocurrió. La escuela fue socializadora. Y el instrumento fundamental fue el lenguaje, la lectura. A mí me parece que estamos ante una situación parecida, pero con la diferencia de que hoy los que están fuera del lenguaje común son los excluidos. Entonces, si yo no hago un incentivo fuerte desde la escuela para la alfabetización, nunca voy a pensar a la escuela como igualadora. No me tengo que resignar a que el chico que viene de una situación de marginalidad y pobreza no pueda acceder a Cortázar o Borges. No; un chico que viene de la pobreza tiene que leer a Borges; no lo hará ahora pero puede hacerlo en algún momento. Tejada Gómez decía que a él lo que le cambió la vida fue leer el Martín Fierro. Era un hombre que venía de la marginalidad y que aprendió a leer gracias a la venta de diarios. Quiere decir que la lectura es oportunidad; y por eso vamos a hacer una campaña de lectura porque la lectura es oportunidad. Las grandes habilidades que necesita el mundo de hoy en cualquier ámbito pasan en gran medida por poder comprender y producir textos. Estas son dos capacidades que la escuela tiene que trabajar.

-Muchos sostienen que el único modo de atraer nuevos lectores es recuperando el placer por la lectura. En este plan ¿hay acciones precisas para que esa recuperación sea posible?

-Sí. Nosotros estamos trabajando en la capacitación docente y con la narración oral. Hay un programa que viene de antes, que es el de Abuelos Narradores. Es decir, también para acercarse al placer de leer tenemos que tener adultos que puedan hacer una lectura oral socializada atractiva. En general, los docentes lo saben hacer. Y si no habrá que mejorar la autoestima y convencernos de que podemos atraer a través de la lectura.

Queremos recuperar el placer de leer también en el adulto, por eso creo que la lectura del maestro no tiene que ser la lectura del niño; el maestro tiene que aspirar a leer lo que para él es placentero. Y, por supuesto, tiene que conocer los textos para darle a un chico. Y al chico hay que darle lo que para él es placentero. Pero este placer no quiere decir simplismo. Es decir, la lectura, y esto también hay que planteárselos a los chicos, es un placer que además supone esfuerzo. Sino caemos en que para que al chico le guste algo tiene que ser sumamente elemental. No, tiene que ser atractivo; pero, además, el chico tiene que saber que debe hacer un esfuerzo.

-Hace algunos años se hizo una encuesta sobre qué y cuánto leían los docentes y los resultados no fueron muy buenos. ¿El programa contempla alguna acción precisa para mejorar en esto a los docentes?

-Creemos que hay que fortalecer programas de lectura silenciosa sostenida. Hay algunos programas conocidos en los que llevamos la biblioteca ambulante, todos los chicos leen y el docente también. Tiene su texto y disfruta del momento de lectura a la par de los chicos. Son quince minutos en los que hay silencio y nadie puede hacer otra cosa que leer. Por un programa nacional se va a equipar a varias bibliotecas nacionales, y allí van a haber muchos libros para el docente. Porque nadie puede contagiar lo que no vive.

-La realidad de muchas escuelas es durísima y hay docentes que se enfrentan a la situación más como contenedores que como maestros ¿Va a haber alguna inversión como para que todo esto esté mejor estimulado desde el punto de vista económico?

-El plan de fortalecimiento de las bibliotecas está destinado justamente a las escuelas de mayor vulnerabilidad social. En los lugares donde hay mayor marginalidad, la lectura puede ser un bálsamo mucho más interesante. ¿En qué sentido? En que la lectura, sobre todo el texto literario, le permite al chico salirse del mundo real y ver el mundo posible. Si nosotros nunca le mostramos el mundo posible, va a creer que no puede luchar por él. Cuando un chico tiene una realidad triste es cuando justamente la lectura es más importante para él, porque lo va a sacar de esa realidad triste y le va a enseñar el pensamiento utópico y de la rebeldía, el cual es un pensamiento muy constructivo cuando está encaminado por vía de la lectura. La escuela no debe servir al control sino a la movilidad social. Por eso digo que la escuela sarmientina fue interesante porque fue la de la movilidad; en cambio, la escuela neoliberal ha sido la del control social.

-¿Hay cifras concretas de la inversión que este programa va a implicar?

-En el caso de la distribución de textos, a Mendoza le ha costado poco, alrededor de 13 mil pesos, porque la Nación puso el resto y está trayendo los libros. En el caso del Ceplin, nosotros estamos enviando un proyecto para el tema historia de Mendoza que es de 100 mil pesos y con el tema de la red de docentes monitores de lectura la cifra de inversión ronda los 50 mil pesos. Por otro lado, el proveedor en el tema de las bibliotecas sería el Banco Interamericano de Desarrollo. Queremos trabajar, además, en este programa con empresas, sponsors y las industrias culturales para hacer más accesible el libro.

-Tengo entendido que en algún momento se repartieron libros de texto que ya eran viejos. ¿Se trataría ahora de textos actualizados?

-Sí. Más que nada lo que nosotros vamos a distribuir son textos literarios movilizadores, y, en general, no van a ser libros si no folletos de lectura, justamente para atraer a la gente al libro.

-¿Draghi Lucero no es un autor un tanto denso y arcaico en su lenguaje como para servir de estímulo a los más chicos?

-Los textos que se van a entregar son folletitos de lectura, pero de colores, atractivos. En cuanto a Draghi Lucero, en general, nos parece bastante accesible. No sé si para un chico de la EGB1, pero sí para uno de 6° año de la EGB2, en un texto breve. Porque el lenguaje arcaizante es fácil de entender, lo que no lo es tanto es el lenguaje más sofisticado o más simbólico. "Las mil y una noches argentinas" es una lectura atractiva para los chicos, hay mucha fantasía. Y también contamos con varias buenas novelas mendocinas y hemos tenido un gran escritor de literatura infantil, Fausto Burgos. Por otro lado, vamos a fomentar el conocimiento de nuestros escritores dentro de la comunidad.

-¿Cuál es su evaluación sobre este momento del sistema educativo provincial y nacional?

-Creo que la de los '90 fue una década de vacío. Y en parte la escuela también se vació de contenidos. No porque quisiera sino porque la escuela terminó siendo una brisa en un huracán. La escuela quería igualar, pero había toda una sociedad que estaba mostrando antivalores. Una sociedad que mostraba que esforzarse no era tan importante, que la frivolidad era buena, que no era el estudio si no la viveza la que daba resultados, que las personas valían por su consumo y no por su trabajo... Estos antivalores también influyeron en la escuela, y ésta no tuvo espacio ni capacidad para cuestionarlos. Muchos docentes tuvimos complejo de inferioridad y quisimos parecernos demasiado a esta sociedad. Fue así como nos encontrábamos actos escolares con las chicas bailando igual que Bandana; o, en horas de teatro, a los chicos representando el programa de Tinelli, cuando el teatro y la música deben servir para otra cosa. Me parece que hoy la escuela tiene que superar eso, para lo cual se tiene que parar en su especificidad, que es la mediación y el acopio de conocimiento, y también como factor de movilidad social.

-En una sociedad en la que hay tanta miseria ¿no es excesivamente riguroso penalizar a los padres que no envían a sus hijos a la escuela?

-Cuando hay tanta miseria es cuando tiene que ser más rigurosa la necesidad de la escolaridad de los chicos. Si yo me resigno a la miseria, me estoy resignando a una sociedad de esclavos o a una sociedad de chicos que no son ciudadanos porque no ingresan al sistema educativo, porque no comen, porque en el momento de estar en la escuela están pidiendo en la calle. Gandhi dijo que cuando hay marginalidad y pobreza es cuando hay que ser más enfático con la educación. Acá pasa lo mismo: justamente porque hay miseria nosotros tenemos que ser muy responsables a la hora de cortar ese círculo vicioso.

-Pero ¿no es represivo actuar de ese modo sobre una persona que no tiene para comer o para viajar?

-De lo que se trata es de generar el debate y de tener mecanismos de exigibilidad y de plantear que no hay ningún derecho más importante que el derecho de un niño. Los mecanismos represivos no son los óptimos, pero sí cuando ya se han agotado las otras instancias es necesario que exista algún mecanismo. Si el chico no tiene zapatillas, el padre tendrá que mandarlo sin zapatillas y en la escuela tendremos que conseguírselas; si el chico no tiene útiles, la escuela se los tendrá que proveer. Pero si el chico no llega a la escuela, yo no sé de qué derechos está privado. Me parece que no vale ser represor, pero sí vale ser firme, más que nunca, en los momentos en que hay marginalidad y pobreza.

Fuente: Diario LOS ANDES, Suplemento Cultura
Por Ariel Búmbalo