Abril 09, 2008

Violencia en la escuela

El fenómeno de la violencia en el ámbito escolar se ha convertido en tema preocupante en Argentina en las últimas décadas.

El episodio de Carmen de Patagones en 2004, cuando un alumno disparó indiscriminadamente a sus compañeros, causando tres muertos y cinco heridos, dio a la violencia en la escuela una enorme repercusión a nivel nacional. Episodios posteriores, como el del chico correntino que mató a su compañero con un arma blanca en 2007 o los recientes episodios trágicos ocurridos en las provincias de Misiones y Buenos Aires, vuelven a poner el problema en la vidriera de los medios de comunicación.

Esta clase de situaciones traumáticas, en las que llegan a perderse vidas de manera tan insólita como desgarradora, a menudo responde a una situación de repetida violencia cotidiana. Esta violencia, conformada por la suma de una serie actitudes, conductas y situaciones producidas día a día en la escuela, tales como la discriminación, la marginación, el autoritarismo, etcétera, conforma la base del problema de la violencia escolar. A menudo, este marco cotidiano de convivencia violento, al no desencadenar en episodios traumáticos de agresión, es tolerado o directamente no considerado como un problema de importancia, lo que dificulta la posibilidad de una convivencia fructífera en el ámbito escolar y alienta a los jóvenes a incorporar determinadas conductas de violencia como parte normal de la vida cotidiana.

Discriminación y prejuicios como formas de violencia

El Proyecto para la prevención de la violencia en la escuela media, un amplio estudio realizado en escuelas de todo el país (a excepción de la provincia de Neuquén) por investigadores del Instituto Gino Germani, de la Universidad de Buenos Aires, señala que más de la mitad de los alumnos de la escuela secundaria rechaza explícitamente a sus compañeros de origen oriental, sin importar si se trata de compañeros que emigraron recientemente a nuestro país o de ciudadanos argentinos nativos, hijos de ciudadanos orientales emigrados a Argentina tiempo atrás. Asimismo, más de la mitad de los alumnos rechaza también de forma explícita a los judíos. Estos alarmantes porcentajes de actitudes xenófobas y antisemitas se vuelven aún más altos cuando se pregunta a los adolescentes indagando la presencia de prejuicios machistas. Cerca de las tres cuartas partes de los mismos coincide en frases como “las mujeres que sufren violencia por parte de sus maridos o parejas algo habrán hecho o se lo habrán buscado”, o “el hombre que parece más agresivo es más atractivo”.

Estos prejuicios traen consigo una enorme carga de violencia, porque conducen al rechazo de una persona a partir de características que nada tienen que ver con el comportamiento, con las conductas o con la forma de ser de esa persona. Ser rechazado por los rasgos físicos o por las creencias religiosas y culturales genera rencor y resentimiento. A menudo los adolescentes que son discriminados responden a esta violencia gratuita mostrada contra ellos con otras formas de violencia, que generan a su vez un mayor rechazo, creándose de esta forma un clima de convivencia escolar que reproduce patrones de intolerancia y conflicto anclados en los prejuicios característicos de nuestra sociedad.

La escuela tiene un importante papel simbólico como el espacio en el que los niños y jóvenes aprenden no sólo un conjunto de contenidos curriculares, sino pautas de sociabilidad y comportamiento ciudadano. Frases populares como “¿no te enseñaron nada en la escuela?” dan cuenta de este lugar. Es por eso que si en ese mismo lugar se reproducen en el tiempo conductas y actitudes ligadas a la intolerancia y la discriminación, resulta muy difícil formar ciudadanos que respeten las diferencias y puedan, en lugar de rechazarlas y condenarlas a priori, nutrirse de ellas para desarrollarse como personas más completas. Si la escuela reproduce la xenofobia, el antisemitismo, el machismo, etcétera, de la sociedad presente, los alumnos del futuro también llegarán a la escuela cargados de estos prejuicios, por la simple razón de que quienes fueron alumnos en la actualidad salieron de la escuela sin herramientas que les permitan ejercer una crítica razonada sobre sus propios prejuicios. Si como sociedad queremos cambiar esto, es precisamente la escuela el lugar en el que los adolescentes pueden ser provistos de elementos conceptuales que les ofrezcan la capacidad para superar las creencias ligadas a la intolerancia y a la discriminación, promoviendo esquemas que les permitan aprender a tolerar la incertidumbre y a construir la propia identidad sin necesidad de establecerla contra los que se perciben como diferentes.

Violencia en la sociedad y violencia en la escuela

Cuando los alumnos discriminan a un compañero fundándose en que es judío, coreano o chino; o cuando acuden a la violencia para resolver un conflicto personal, no hacen más que trasladar a la escuela comportamientos que encontramos en la sociedad. La xenofobia, por ejemplo, está ampliamente extendida en nuestra sociedad. En Argentina tenemos nombres despectivos para los ciudadanos de todos los países limítrofes: las personas de Bolivia no son bolivianas, son “bolitas”, los paraguayos son “paraguas”, etc. Podemos apreciar cómo esta característica de nuestra sociedad repercute en el clima social escolar al observar una particular forma de violencia escolar: el rechazo y la discriminación de los diferentes. El rechazo es la única forma de hostigamiento mencionada abiertamente por quienes la protagonizan: mientras que la mayoría de las otras ofensas y conductas violentas no son en general reconocidas por parte de los adolescentes que las practican, rechazar a los diferentes es en cambio ampliamente aceptado, como si fuera algo legítimo o comprensible, lo que se vincula fuertemente con los altos porcentajes de alumnos que expresan no aceptar a compañeros de otros orígenes, religiones o nacionalidades.

Cuando este tipo de violencia, como la discriminación por nacionalidad o religión, es incorporado como un rasgo característico del clima social escolar, los alumnos son empujados a reconocer acríticamente que la violencia forma parte de las relaciones de todos los días entre las personas, y la violencia es así invitada en la propia escuela a ser percibida como algo natural. Esta naturalización de la violencia, se observa efectivamente en alarmantes proporciones entre los adolescentes de la escuela media, ya que tres de cada cuatro alumnos están de acuerdo con frases que naturalizan la violencia, como “la violencia forma parte de la naturaleza humana” o “las peleas que se producen entre jóvenes los fines de semana son inevitables”. Naturalizar la violencia en la escuela obstaculiza severamente la posibilidad de trabajar en pos de otros modos de vinculación social que permitan la integración y ofrezcan herramientas para la resolución de conflictos en forma no violenta.

La exposición precoz y continua a la violencia en el medio familiar es también un importante factor en la socialización de los niños y jóvenes en cuanto a la adopción de modalidades violentas. Puede suponerse que los alumnos que afirman que viven en un medio familiar en el que las peleas y discusiones son frecuentes pueden ser ellos mismos actores de manifestaciones de violencia en la escuela. El Proyecto para la prevención de la violencia en la escuela media ha encontrado, en efecto, diferencias notables en los perfiles de las manifestaciones de violencia según el clima familiar. En todos los casos los perfiles más altos en cuanto a víctimas y protagonistas de violencia muestran porcentajes más altos de ambientes familiares muy conflictivos. Como ejemplo, podemos señalar que quienes viven en ámbitos familiares desfavorables han protagonizado un 24 % más de episodios de violencia escolar que quienes viven en ámbitos favorables.

Precisamente debido a este mecanismo de arrastre de conductas violentas desde la vida social de los alumnos hacia el clima social de la escuela, es necesario que las instituciones educativas realicen un esfuerzo consistente para luchar contra los prejuicios que encaminan a los alumnos a internalizar la violencia como algo natural, contra la que nada se puede hacer ya que viene dada en la vida social.

Violencia y actitudes autoritarias

La percepción de prácticas autoritarias por parte de los docentes es un elemento que contribuye a la creación de conductas violentas por parte de los alumnos. Diferentes estudios demuestran que cuanto mayor es el nivel de autoritarismo por parte de los docentes y las autoridades de la escuela, mayor resulta también el número y la gravedad de los episodios de violencia entre los propios alumnos. Esto no debe ser entendido en términos de que el autoritarismo produzca de un modo directo (en el sentido de causa-efecto) las situaciones de violencia en la escuela, sino en el sentido de que obstaculiza o interrumpe los canales de comunicación y de mediación que facilitan que los conflictos no se expresen en forma violenta. El autoritarismo por parte de los docentes implica la ausencia de la función socializadora de la escuela en cuanto a la tolerancia de los diferentes y la defensa de sus derechos, creando un clima social propicio a las manifestaciones de violencia.

Las conductas autoritarias por parte de los docentes promueven doblemente la violencia escolar. En primer lugar, cuando los alumnos observan que los docentes imponen sostenidamente su autoridad basándose en un conjunto de reglas y actitudes que son percibidas como arbitrarias, actitudes que no dejan espacio para que los alumnos puedan expresar las razones que los llevan a considerarlas de ese modo; a menudo, al no contar con otros canales de expresión, responden de forma violenta, como forma de resistirse a determinadas normas y prácticas escolares. En segundo lugar, cuando los alumnos reciben cotidianamente señales autoritarias por parte de los docentes, es común que ellos mismos reproduzcan esta actitud en la resolución de sus propios conflictos. De este modo, en lugar de promoverse el enriquecimiento colectivo a partir de la integración de las diferencias entre los alumnos, estas diferencias pueden conducir a situaciones de violencia cuando los jóvenes dirimen sus diferencias reproduciendo las conductas autoritarias que observan en los docentes. La resolución autoritaria de un conflicto por parte del docente, al cancelar la solución colectiva que, a través del intercambio y la explicación, incluye al alumno al ofrecerle participación en el resultado de esa resolución y lo hace sentirse parte de la misma, fomenta las resoluciones individuales de los conflictos cotidianos y dificulta el aprendizaje de la integración no violenta de las diferencias.

Las conductas y actitudes autoritarias por parte de los docentes, tanto en la enseñanza curricular como en el tratamiento de las cuestiones de conducta, promueve el desarrollo de actitudes individualistas en los alumnos, cercenando el crecimiento de los espacios de actividad y reflexión colectivos, espacios que además de facilitar el proceso de enseñanza y el aprendizaje, facilitan también la integración de los alumnos entre sí al promover un clima social de intercambio y participación que, a su vez, ayuda al desarrollo de la actividad curricular en el aula.

Fuente consultada: Educared


Comentarios

¿cual es la diferencia entre violencia escolar y violencia social dentro de la escuela?

Posted by: melina en: Noviembre 9, 2012 06:55 PM

Muy bueno. muy bueno, muy bueno,muy bueno!
Genial, estoy haciendo un proyecto de investigación en la escuela, sobre este tema, y esta página me sirvió mucho.

Posted by: Antonella en: Octubre 1, 2012 01:19 PM

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Posted by: Werner Molinski en: Noviembre 14, 2011 11:59 PM

Hola. En esta semana recibí una terrible golpiza de una alumna dentro del aula, luego de darles un sermón bastante fuerte de mi parte por haberles corregido la actitud de arrojarse la merienda que les manda el Estado. Cómo debo actuar? A cuál organismo puedo recurrir para obtenre ayuda? Gracias.

Posted by: itatí del valle en: Junio 18, 2011 05:02 AM

hola soy tutora de 1ero y 2do año de una secuela nivel secundario y me preocupa los conflictos que se crean en el aula entre compañeros, y no se ya mas como solucionarlos
ya charle con los alumnos afectados en el conflicto , llame a los padres ,realice juegos rondas de convivencia etc etc a ver si me podes pasar alguna otra tecnica para ayudarme a solucionar los conflicto entre compañeros
desde ya muchas gracias
besos

Posted by: marisa en: Octubre 23, 2009 02:42 AM

Creo que nos estamos olvidando la nueva ley de educ. y la ley de la niñez la adolsc y juventud. Solo debemos hacerlas cumplir con responsabilidad y ayudar a nuestros niños en sus conflictos de conductas, el grado de autoritarismo de los docentes y los niños fueras de las escuelas nos muestra un pais sin futuro y donde los responsable ademas del estado somos nosotros los docentes..... para pensar compañeros!!!

Posted by: Karina en: Octubre 17, 2008 09:12 PM

la ley debe trabajar en la paternidad responsable.Es la forma en que se recuperen valores que despues se manifiesten en todos los ambitos ....la escuela no puede abarcar roles de asistencia que corresponden a otros y ocuparse de su funcion de dar herramientas al futuro del niño

Posted by: alicia fernandez en: Junio 19, 2008 01:47 AM

hola..! solo queria saber si existe diferencia entre violencia escolar y violencia en la escuel??

Posted by: sandra en: Mayo 23, 2008 11:55 AM

Debería brindarse capacitación en las escuelas, para otorgar a los docentes herramientas concretas.

Cada vez se hace más difícil controlar a los niños y jóvenes.

Estamos impotentes ante el accionar de nuestros alumnos ( entre ellos y hacia nosotros )

Posted by: Alicia en: Abril 18, 2008 03:13 AM
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