Son tan pequeños y livianos como los celulares comunes y permiten comunicarse con cualquier teléfono desde lugares remotos e inaccesibles.
Y con computadoras portátiles para intercambiar archivos, e-mails o navegar por la Web. Aunque siguen siendo caros, el costo de los aparatos y las llamadas va bajando.
Un barco varado en medio del mar, un auto perdido en algún camino patagónico o una ciudad entera que se queda sin comunicaciones por alguna catástrofe natural. También podría tratarse de un alpinista en pleno ascenso a la montaña o de un viajero en zonas desérticas o lejos de la civilización. Desde aire, mar o tierra, todos tienen en común la opción de estar comunicados, aún en esas situaciones críticas, siempre y cuando tengan a mano un teléfono satelital.
Quiénes los usan?
Hoy por hoy, fundamentalmente las empresas. Sectores como la minería, las petroleras y gasíferas, las compañías de navegación marítima o aérea, y la seguridad militar de los gobiernos. También aventureros que se internan en una selva, escalan una montaña, van de expedición al desierto o navegan en medio del océano.
Antes eran enormes y muy pesados, y ahora pesan no más de 350 gramos. Del tamaño de un celular común, permiten hacer llamadas desde y hacia casi cualquier lugar del planeta, ya que operan en forma independiente de cualquier conexión telefónica local.
Su otra gran ventaja es que logra una comunicación más limpia, sin las típicas frituras o interferencia tan comunes en los celulares o en los teléfonos de línea. Y los de última generación también permiten conectarse a Internet y otros servicios similares a los que tienen los celulares convencionales: enviar mensajes de texto (SMS) o archivos multimedia (MMS), e-mails y casi cualquier tipo de archivos.
A diferencia de lo que ocurre cuando se quiere realizar una llamada desde un teléfono celular a un teléfono fijo, al llamar a un teléfono satelital sólo es necesario marcar su número sin anteponer códigos.
¿Quiénes los usan? Hoy por hoy, fundamentalmente las empresas. Sectores como la minería, las petroleras y gasíferas, las compañías de navegación marítima o aérea, y la seguridad militar de los gobiernos. También aventureros que se internan en una selva, escalan una montaña, van de expedición al desierto o navegantes.
Cuestión de costos
Si bien los precios bajaron bastante, todavía son poco accesibles para el gran público. Aquí los números. Los viejos teléfonos satelitales costaban cerca us$8.000 y el valor de las llamadas superaba los us$5 el minuto. Los teléfonos satelitales actuales cuestan entre 990 y us$3.500 dependiendo el modelo del aparato, así como también la red satelital a la que pertenezca y también sus prestaciones.
Hoy las llamadas cuestan entre us$1,60 a 2,50 el minuto. Y para transmitir datos, el precio asciende a unos us$7. Pero además habrá que sumar un gasto extra: al menos una batería de repuesto. Las baterías de estos aparatos no suelen durar tanto como la de un celular convencional.
Sin embargo, pueden garantizar hasta casi 6 horas de habla continua en el modo Ultra High Capacity (sólo algunos modelos), mientras que la mayoría puede ofrecer hasta 2 horas. Al mismo tiempo, en modo stand by la batería aguanta unas 24 horas, que se pueden extender a 48 en ciertos equipos.
Quiénes los hacen
Motorola, Qualcomm y los noruegos Nera, entre otros, son los principales fabricantes de terminales (al menos, de los que se consiguen en nuestro país). Y algunos de sus aparatos pueden funcionar como celulares comunes o bien como teléfonos satelitales. Según su marca y modelo, pueden ofrecer ventajas tales como: tener un único número de línea en todo el mundo , sistemas de pre y post pago, la posibilidad de recibir llamadas desde cualquier teléfono habilitado, casillas de mensajes y recepción de mensajes gratuitas, y la posibilidad de enviar y recibir correo electrónico.
Fuente consultada: Diario Clarín