Enero 30, 2009

Zamba de mi esperanza. De Mendoza al país

El canal Encuentro dedicará un programa especial al autor de “Zamba de mi esperanza”, Luis Profili, un mendocino con una historia que vale la pena descubrir.

A mediados de enero, un equipo de filmación de Buenos Aires llegó en avión al departamento de San Martín.

Al frente del rodaje se encontraba el ex bajista de Almendra, el rocker Emilio Del Guercio, que en esta oportunidad llegaba con la investidura de productor y conductor de una serie documental que se está rodando en todo el país para el canal educativo Encuentro, llamada “¿Cómo se hizo?”, la cual rescata el origen y apogeo de 13 de las canciones más populares de la Argentina.

Con fecha de estreno agendado para abril, el programa intentará capturar la chispa creativa de escritores y músicos y el contexto histórico que provocó que sus creaciones trascendieran su círculo íntimo y terminaran identificando a toda una generación.

Y en una lista tan rigurosa que incluye “La balsa”, “Uno”, “Muchacha ojos de papel”, “Sólo le pido a Dios”, “Como la cigarra”, “Merceditas”, “Seminare”, no podía faltar la canción que hizo célebre el cantante Jorge Cafrune en la década de 1970, aunque pocos saben que el creador de su letra y su música nació, vivió y murió en Mendoza.

Su nombre fue Luis Profili quien, allá por 1964 con el seudónimo de Luis Morales, registró una de varias canciones de su autoría.

Fanático de la zamba, estaba lejos de sospechar que el bosquejo de una de ellas se convertiría en un auténtico icono popular y todo porque por entonces Profili conoció al intérprete jujeño Jorge Cafrune, un cantante que no tenía ningún prejuicio en adoptar temas de escritores ignotos y que no tardó en enamorarse de aquella poesía incorporándola primero a su repertorio de festivales y luego a sus discos.

De las peñas a la leyenda

En la primera mitad del siglo XX, Luis Profili era un empresario constructor que disfrutaba que sus hijos estudiaran los bailes tradicionales porque la zamba era su música preferida. “Le encantaba el movimiento de los cuerpos, la gracia del pañuelo, la elegancia de su melodía”, rememoró María Elena Profili Gavosto, nieta del autor, que vive actualmente en San Martín.

En paralelo con su trabajo (junto o separado de las obras de su suegro, el bodeguero Camilo Doménico), Luis era un músico aficionado con mucho entusiasmo. Tomó lecciones de guitarra y bombo y escribió canciones de manera intuitiva. Una de ellas, que arrancaba con el título, comenzó a oírse en las peñas públicas y privadas que agitaban las tardes de por aquel entonces centro de San Martín.

Era la época en que el Presidente Perón obligó por decreto a que en las escuelas primarias del país se enseñara danzas folclóricas. El apogeo de la radio y la creación de festivales nacionales ayudó a que los géneros tradicionales comenzaran a ser más populares que nunca.

Entre los invitados a las peñas se encontraba nada más ni nada menos que Félix Dardo Palorma. El maestro ayudó con su experiencia a registrar “Zamba de mi esperanza” con todos los requisitos que demandaba Sadaic. Profili quiso agradecerle el favor invitándolo a participar como coautor, pero Palorma se negó rotundamente.

Cuenta la leyenda que Profili llegó a ofrecerle unas hectáreas de su finca como regalo, pero Félix nunca las aceptó. Esta anécdota quedó inmortalizada en los párrafos de la célebre cueca palormiana “Llegando a Cuyo” en la frase: “Cómo he resuelto quedarme, ya tengo unas hileritas”, quedando como una broma entre compadres.

Con el tiempo, fue el trío riojano de los Hermanos Albarracín el que se topó con la zamba, la tocaron profesionalmente y luego la grabaron. Sin embargo, fue el encuentro de Jorge Cafrune con Profili lo que le cambió el destino a la canción.

Cafrune, con su barba a lo Martín Fierro y su ideología nacionalista, ya tenía un nombre que defender en los escenarios y cuando escuchó la canción la incorporó a su repertorio. De allí a su proyección en grupos como Los Chalchaleros, Horacio Guaraní, Los Visconti y docenas y docenas de cantantes más hasta el día de hoy.

Pasaron los años y ocurrió un hecho puntual que cimentó la mitología: sucedió en enero de 1978, durante el festival de Cosquín bajo la dictadura militar de Jorge Rafael Videla. El público pidió a Jorge Cafrune que interpretara la por entonces prohibida “Zamba de mi esperanza”. Lo prohibido, según se supo después, era “esperanza”, una palabra ciertamente peligrosa para el terrorismo de Estado.

“Aunque no está en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide, la voy a cantar..”, exclamó Cafrune. Y lo hizo. Era más de lo que la Junta podía soportar.

A los pocos días, Cafrune, mientras realizaba una travesía a caballo rumbo a Yapeyú, Corrientes, para homenajear al General San Martín, fue atropellado por una camioneta en el partido de El Tigre, en un accidente que muchos sospecharon que fue en realidad un atentado. Murió a los 40 años, el 1 de febrero de 1978. El próximo domingo se cumplen 31 años de su fallecimiento. Por Pablo Pereyra - ppereyra@losandes.com.ar - Ilustración: Gabriel Fernández


Fuente: Diario LOS ANDES